miércoles, 28 de octubre de 2015

La Bruma Roja


Lo que sucedió a las 15:11 de la tarde del Domingo 25 de Octubre en el circuito de Sepang de Malasia, no es más que el resultado de muchos factores que hicieron que todo estallara en la curva 14 de la séptima vuelta del Gran Premio Shell de Malasia de MotoGP, cuando el libreto de la carrera y el final de la historia épica de 2015 empezó a reescribirse. En el momento en que la Yamaha de Valentino Rossi se sale de la trayectoria natural para acorralar la Honda de Marc Márquez es donde la actual temporada de MotoGP, considerada por muchos hasta ese momento como una de las mejores de los últimos 10 años, empezó a divagar para reescribir un capítulo final que todavía no hemos vivido. Mucho de lo que paso en esa curva, vive dentro de la mente de ambos pilotos y vivirá por mucho tiempo antes de que se haga público por primera vez. Pero tengo la ligera sospecha de que lo que pasó durante esta temporada tiene que ver con el concepto de la Bruma Roja.

Para aquellos que no son familiares con la palabra, acá se los traigo: Según el diccionario Oxford de la lengua inglesa, Bruma Roja (o Red Mist en su traducción anglosajona) se refiere a ese caso de un periodo de intensa emoción, relacionada principalmente con el odio o la rabia, que temporalmente nubla la capacidad de juicio de una persona. En el deporte motor, los casos de Bruma Roja son bastante frecuentes: Es el punto en donde la locura pasa al frente mientras el pensamiento racional toma un segundo plano. Casos como la clásica pelea en F1 en el Gran Premio de Suiza de 1979 en donde el canadiense Gilles Villeneuve y el francés Rene Arnoux batallaron por más de tres vueltas al filo del peligro mientras golpeaban pedazos de monoplaza en cada curva. Fue uno de los grandes espectáculos que la F1 haya visto en años y que hasta el día de hoy, no se ha podido replicar. En motociclismo, este fenómeno también ha estado presente y es más común de lo que uno se imagina: Un caso rápido que se me viene a la mente fue Wayne Gardner en Phillip Island 1991, cuando el australiano batalló contra su compañero de equipo (un tal Michael Doohan), la oposición estadounidense y problemas con el carenado de su moto para quedarse con la victoria. Gardner explicaría años después, acerca de su victoria acá: “En las últimas cinco vueltas tuve una experiencia fuera de mi cuerpo en donde pude verme correr. Como si fuera todo a control remoto. (…) Mucha gente me pregunto en el podio de cómo haba hecho para correr de esa forma y les conteste que no tenía ni remota idea”: Esa es la Bruma Roja hablando. Esa es la esencia de bloquear todos los miedos, pensamientos, o dolor, para  focalizarse en un objetivo solamente. En el caso de Gardner, su objetivo era ganar en su casa a cualquier costo.

Rueda de prensa previa al Gran Premio Shell de Malasia 2015

Nadie tenía idea de lo que lo que iba a suceder el domingo. Pero el jueves, durante la rueda de prensa que hace la categoría en cada Gran Premio, empezamos a ver los destellos de lo que podía suceder: El mundo se quedaba con la boca abierta tras las declaraciones de Rossi implicando que Márquez, quien había tenido su momento de Bruma Roja unos días atrás en la vuelta final en Australia, estaba asociado con Jorge Lorenzo para dejar a él fuera de los chances de quedarse con la corona de 2015. ¿Era esto de genio o de locura? ¿Estaba intentando de demoler a Márquez y sacarlo de contención o estaba poniendo las bases de su propia autodestrucción? ¿O era sencillamente el viejo campeón pidiendo a aquellos que no se encontraban en su entorno que dejaran que él y Lorenzo batallaran hasta el último segundo el campeonato?

Si Rossi trataba de invocar la antigua regla no escrita del motociclismo que reza “Hay que respetar a aquellos que están peleando por un campeonato cuando tu no lo estás”, empezó por un mal camino. En vez de ganarse la simpatía del joven bicampeón del mundo, lo único que hizo fue untar sal y vinagre en una herida que estaba abierta. Una herida que se abrió en Termas de Rio Hondo y que se profundizo en Assen. Son pilotos de alto ego, que normalmente hacen lo contrario a lo que uno normalmente le pide. Es una pequeña olla de ebullición que empezó a calentarse años atrás, cuando Marc ponía pie por primera vez en MotoGP.

Qatar 201. Marc llega a MotoGP y Rossi vuelve a Yamaha

Cuando las luces se apagaron en Qatar en 2013 el sueño de un joven piloto empezó a andar, pero la pesadilla de un viejo piloto volvió a emerger: Rossi tenía que lidiar, una vez más, con un piloto de otra generación que necesitaba frenar a toda costa para él mantenerse en el tope. Para ponerlo en contexto, Rossi acabó con la última generación de dos tiempos que existía cuando llego en el 2000. Acabó con la generación de Gibernau que llegó con MotoGP salvo el extraño caso de Nicky Hayden y el talento mercurial de Casey Stoner en 2006 y 2007. Con su salida a Ducati, llega la generación de Pedrosa y Lorenzo al tope, a quienes sus trucos mentales dejan de empezar a hacer efecto y regresa una vez más en 2013 a Yamaha con la generación de Marc Márquez, una que creció viéndolo a él por televisión, y que ahora estaba a su lado en la parrilla de salida.

El domingo lo que se vio por la retransmisión televisiva no fue más que la respuesta furiosa de Márquez a las palabras del jueves de Rossi. La Bruma Roja había descendido sobre el Trueno de Cervera. Y como un incendio forestal, se extendió sobre el circuito. Rossi fue el próximo en caer en este embrujo al sentirse traicionado porque Márquez no estaba respetando la vieja regla. Pero probablemente en la cabeza de Márquez, Rossi ya había desechado la regla cuando, en el fragor de la batalla, lo dejo K.O en Termas de Río Hondo y su sueño de un triplete se desvaneció con el calor sudamericano.



Márquez defendió cada paso de curva como si su vida dependiera de ello. Rossi contestaba de la misma manera. Era acción para no cardíacos. Pero en este caso, ya uno podía sentir el  escalofrío al ver las acciones por encima del límite que estos gladiadores modernos nos tienen acostumbrados a ver. Hasta que en la vuelta siete, la sensación se convirtió en algo más desagradable. Rossi empezó a creerse que Márquez antagonizaba con él, viendo que su principal competidor se alejaba de él y se acercaba más a la cabeza de carrera. Llegando al punto de demostrar su desprecio, gesticulando en una forma en que hace pensar que le estaría diciendo: “¿Qué carajo estás haciendo? ¡Déjame correr en paz!”. Y más adelante paso lo peor: A Rossi se le perdió el guión.

Lo que sucedió en esa curva 14 cuando colisionaron es irrelevante. Hasta el segundo que Márquez cayó en el caliente asfalto malasio. Rossi no pateó a Márquez más de lo que Márquez golpeo con su casco la moto de Rossi, ya que la única cámara que puede hacer constatar lo que realmente sucedió (que es la cámara del helicóptero) no hace justicia. Pero el solo hecho de Rossi frenar, mientras miraba a Márquez acercarse al límite de la pista ya es demasiado. Rossi no estaba corriendo más. Rossi había frenado para buscar conversación con Márquez, como lo haría cualquiera de nosotros en un semáforo en rojo en la calle. A Rossi se le olvidó que estaba en una carrera y que estaba el campeonato en juego.

En el momento en que 160kg de moto Made in Minato tocó el asfalto de Malasia, Rossi salió del trance y decidió regresar a la carrera, sin antes voltear una vez más a ver que había pasado en esos 10 segundos surreales y revisar, con otra ojeada, en donde venían Andrea Dovizioso y Cal Crutchlow. Rossi pensó que se había salido con la suya, pero con los ojos del mundo de testigo,  y antes que la moto frenara para la curva 15 del circuito, el feed internacional informaba que la acción de carrera surreal que acababa de pasar, sería investigada por la Dirección de Carrera. De esa manera empezó la cuenta regresiva más angustiante de la historia de MotoGP.

Dirección de carrera

Mientras Dani Pedrosa dominaba Sepang como en sus viejas épocas y aguantando los embites de la Yamaha de Lorenzo, en una oficina con aire acondicionado dentro de la torre de control del Circuito de Malasia se decidía la suerte del campeonato. El neozelandés Mike Webb, como una especie de juez, jurado y verdugo, deliberaba acerca de la suerte del italiano. Al no estar presente, no puedo decir con certeza lo que discutió pero si puedo inferir las soluciones que se le pasaron por la cabeza:

La primera era la obvia. La conducta antideportiva debe ser castigada ejemplarmente con la exclusión del piloto con bandera negra y sanción de una fecha, como le sucedió a Lorenzo con Alex de Angelis en Motegi de 2005. Pero eso significaría que el Mundial hubiera terminado de la manera más anticlimática posible. Con Rossi excluido de la carrera y sancionado en Valencia, el título iría a parar de manera automática a las manos del mallorquín sin siquiera haber caído la bandera de cuadros. Políticamente esa decisión nunca iba a suceder. Otra decisión que quedaba era el Ride Through Penalty, en donde Rossi debía cumplir sanción pasando a velocidad reducida por el pitlane y continuar en la carrera, pero mientras las vueltas pasaban, la ventana para usar esta carta se esfumaba. Al final, se quedaron con la decisión políticamente correcta del carnet y los puntos de penalización. Salían de un dolor de cabeza para entrar en otro.

El único referente que existía en esta figura, en donde un piloto sacó de competencia a otro piloto fue en Moto3 cuando Karel Hanika se llevó por el medio a JuanFran Guevara en Jerez, por la cual la Dirección de Carrera le quito cinco puntos y lo obligo a salir por el pitlane en la próxima carrera en Le Mans. Con seis puntos, Rossi debería salir del pitlane en Valencia, usando la misma fórmula de Hanika. Pero acá es cuando se empieza a enredar todo:

Karel Hanika derribando a Juanfran Guevara en Jerez

Cuando Hanika decidió sacar del camino a Guevara, en la reunión de la Dirección de Carrera  Hanika se declaró culpable de lo sucedido: Rossi llegó a la sala de la Dirección de Carrera diciendo que su intención había sido accidental. El no quería que Márquez se cayera pero terminó de igual forma en el suelo. No es una posición correcta pero no lo es ilegal. En este caso, no había precedente, la evidencia era escasa (con todo y todas las tomas de televisión que centraron los ojos en ellos), y era un piloto que peleaba el Mundial. Habrá que preguntarse si la decisión de otorgarle solo tres puntos a su carnet, para sumar cuatro y salir desde el fondo de la parrilla vino de la cabeza de un neozelandés o de una llamada telefónica de un español de calvicie prominente y lentes metalizados, quien controla como maestro titiritero, los rumbos de todo lo que vemos hoy.

Con la nube de polvo del incidente de Sepang esclarecida por partes, lanzo dos preguntas: ¿Quién gana con todo esto? Jorge Lorenzo pudiera ser el ganador moral de todo esto al acercarse a solo siete puntos de alcanzar el triplete y dejar que las permutaciones trabajen en su favor. Pero el verdadero ganador de todo lo que paso en Sepang es la Sociedad Limitada que tiene base en alguna avenida en Madrid: La avalancha de prensa gratuita que ha tenido MotoGP  en las últimas 72 horas por el concepto de “La Patada de Rossi” es la mejor publicidad gratuita que hayan tenido en su vida. Todo el mundo habla de la patada, así esté relacionado con el mundo de las motos o no, y no me extrañaría que en estos 15 días, las solicitudes de acreditaciones de TV y prensa se tripliquen sólo para esta carrera. En un mundo en donde el morbo vende ediciones. Y una patada que, hasta el día de hoy, es imposible ver con claridad.

La segunda pregunta es ¿Qué ambiente nos espera en Valencia? A nivel del aforo será una casa llena. Pero será difícil saber si el ambiente enrarecido de Sepang llegará al anfiteatro valenciano. Podríamos estar ante el inicio de una guerra de hooligans con los bandos bien diferenciados: Rossistas, Marquesistas, Lorencistas y Pedrosistas mirando unos a otros con los ceños fruncidos, pidiéndole sangre a sus ídolos. Como también pudiera ser (y como espero que sea) un ambiente de total algarabía con la fiesta declarada desde las gradas, con el amor al motociclismo y la presencia de una autentica oportunidad histórica frente a sus ojos. A nivel de pista, a pesar de la frescura del otoño valenciano, las cosas pueden llegar a una temperatura gélida: Lorenzo debe ganar para agarrar con ambas manos su preciado tercer título de MotoGP. Pero su principal problema no representa un doctor castigado con la última posición de salida, sino las máquinas anaranjadas y blancas que probablemente salgan delante o detrás de él: Pedrosa viene en su mejor momento de la temporada, tras superar la lesión en el brazo que lo marginó del Mundial este año. El piloto de Sabadell llegará inspirado a Valencia tras una hermosa victoria en Sepang. Una victoria que muchos no se recuerdan. Marc Márquez llegará a Valencia con la Espada de Damocles bajo su cabeza: Si no ayuda a Pedrosa a alcanzar el 1-2 que haga saber que Repsol Honda ganó esa tan importante última carrera del año en suelo español, entonces probablemente las palabras de la rueda de prensa de Sepang retumbaran en sus oídos todo el invierno y (conociéndola como es) la prensa lo degollara vivo, acusándolo de que realmente estaba ayudando a Lorenzo a alcanzar su tercer título. Total, el morbo vende ediciones.

Con este escenario montado, con ambas HRC rebanándose por quien se queda con la victoria en Valencia, Rossi solo debe salir, no cometer errores con los pilotos de la mitad de la parrilla y estacionarse en el sexto puesto detrás de la mezcla de Ducatis y Suzukis a esperar que sucede con él. Si Lorenzo tiene una de sus salidas marca registrada y logra contener a ambas Hondas, entonces Rossi tendrá que hacer la carrera de su vida. En un circuito en donde los fantasmas de 2006 todavía aparecen de vez en cuando y asustan al sazonado piloto italiano.

Los granos de arena del reloj cada vez se hacen más pequeños. La hora de la verdad se acerca a velocidad de 300 kilómetros por hora. Y la Bruma Roja (esta vez la buena, la que ayudó a Gardner a ganar en Australia) amenaza con volver a ponerse sobre el Circuito Ricardo Tormo. Veremos a quien decide, esta vez, tomar como inquilino…

Hasta una nueva oportunidad


P.D.: Para los hooligans: Los dos únicos pilotos en F1 y MotoGP a los cuales yo puedo respetar como ídolos viven plasmados en un hermoso collage que me hizo una gran amiga. Uno decidió matarse en 1982 y el otro decidió que se iba a pescar en 2012. Guarden su odio para otra persona

Por Alex Reyes (@EthanGilles), compañero de motonoticias.com